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 A Compostela 

El Camino de Santiago: las huellas del mundo en tierras portomarinenses

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En los meses de primavera y verano, la villa de Portomarín es un verdadero crisol de culturas. Peregrinos de los más dispares países del mundo, que acaban de llegar o a punto de partir, pasean por el núcleo haciendo parada obligada en la imponente iglesia de San Nicolás. Aquí duermen, almuerzan o toman un refrigerio peregrinos que acumulan en muchos casos cientos y cientos de kilómetros en sus botas.

El viejo y el nuevo Portomarín serían inexplicables si la ruta jacobea no atravesara el municipio. En el siglo XII el Papa eleva Santiago de Compostela a la misma categoría de centro de peregrinaje que Roma y Jerusalén, los dos grandes polos del cristianiasmo. A mediados de ese siglo aparece el Códice Calixtino, una joya bibliográfica que será fundamental para la difusión del Camino de Santiago. En esa obra ya aparece resaltado Portomarín (Pons Minee) cómo lugar obligado de paso. Su puente era una infraestrutura indispensable para los caminantes que querían cruzar el río Miño.

En el transcurso de la Edad Media Portomarín va creciendo en tamaño e importancia de manera paralela a un Camino de Santiago que vive épocas de esplendor. También a mediados del siglo XII llega a Portomarín a Orden Militar y Hospitalaria de San Juán de Xerusalén. La orden tendrá una enorme importancia en la historia local ya que los sanjuanistas contarán con una bailía de notable importancia que les permitirá mantener la iglesia y el hospital de peregrinos (Domus Dei) y que disfruta de la protección de varios monarcas.

Renacer de la senda jacobea en los años 90

El Año Santo de 1993 marcó un auge sin precedentes en el Camino de Santiago. Si analizamos los datos de la propia Iglesia en 1993 fueron casi 100.000 los peregrinos que llegaron a Santiago de Compostela, frente a los menos de 2.000 que lo habían hecho en el Año Santo de 1982. En el Año Santo de 2010 la cifra ya superó los 272.000 peregrinos.

De manera paralela a este renacimiento, la nueva villa de Portomarín también fue creando en las últimas dos décadas una importante infraestructura hostelera dirigida a los peregrinos. Junto a los albergues de titularidad pública nacieron numerosos hostales y pensiones que dan cama y comida a los visitantes que llegan al núcleo portomarinense. En la actualidad hay alrededor de un millar de camas alquilables en Portomarín, lo que nos da una idea de la importancia que puede tener el servicio a los peregrinos en una villa pequeña como esta.


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