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Imaxe do panel: Iglesia de San Nicolás y San Juán
 Patrimonio 

Iglesia de San Nicolás y San Juán

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Este templo, antiguamente conocido como de San Juán, es sin duda el buque insignia del patrimonio de Portomarín. El edificio, ejemplo de templo de estilo románico compostelano, declarado ya monumento nacional en 1941, se cree que fue construido entre el siglo XII y principios del XIII. Junto a la catedral fortaleza de Tui, estamos delante del único ejemplo de conjugación de templo religioso y fortaleza. La orden religiosa y militar de San Juán fue quien impulsó en su momento la edificación y su coraza estaba pensada como punto clave para la defensa de la antigua villa. Como la práctica totalidad de las construcciones religiosas, con el paso de los siglos la iglesia sufrió diferentes modificaciones arquitectónicas.

El escritor Gonzalo Paz califica el templo como “uno de los ejemplares más hermosos del rómanico gallego de transición” y señala que “esta noble fábrica de piedra caliza oscura fue erguida en el siglo XIII y, en la opinión de Miss King dirigida por un solo hombre, probablemente francés que, según cuenta la tradición popular, murió sin verla finalizada”.

Cuenta con tres portadas esculpidas. La principal evoca la visión apocalíptica del Pórtico de la Gloria, hecho que la relaciona con la ilustre escuela del Maestro Mateo. Dentro de la iglesia también podemos encontrar restos de pinturas góticas, un baldaquino del siglo XVI y una extraordinaria escultura de Cristo Crucificado realizada en madera policromada y que está datada en el siglo XIV.

La iglesia de San Juan se situaba junto a la ribera del Miño. Con su aspecto de fortaleza actuaba como principal elemento defensivo para la población de esa margen. Levantada en el siglo XII, mantenía su traza original con algunas modificaciones posteriores que no ocultaban su esencia primitiva, como la cubrición del paso de ronda exterior, la sacristía anexa y aditamentos interiores como la tribuna de coro del siglo XVII y el retablo mayor.

Relata la historiadora Belén Castro que el estado de conservación del templo en 1955 era lo bastante bueno como para aprovechar en su desmontaje la mayoría de la fábrica y la totalidad de elementos moldurados. A eso se añadía el propósito de reconstruirla en modo similar a su morfología original. En palabras del arquitecto Pons-Sorolla esta depuración resultaba bastante factible por el espíritu medieval que el templo conservaba muy poco adulterado:

El interior tiene una gran armonía. Con pocos añadidos posteriores, además. Sólo el coro y algún que otro detalle sin trascendencia. Allí puede usted entrar a rezar en románico, en románico puro”.

En consecuencia, todas las operaciones técnicas llevadas a cabo para su desmontaje, reconstrucción y traslado se realizan con gran cuidado de no dañar las piezas originales.

Explica Belén Castro que se trata de una restauración que pretende recuperar el carácter original y la unidad formal en que había sido concebido el objeto arquitectónico, eliminando los añadidos posteriores que -a juicio del arquitecto- distorsionaban la pureza de su imagen, y reintegrando todas aquellas piezas o elementos correspondientes a su concepto, función y diseño iniciales.