Embalse Portomarin Portomarín, caminos de auga y sueños home conferencia hidroráfica del Miño-Sil Portomarin concello
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 Recuerdos 

  • Pepe Pereira Pepe Pereira

Portomarín revelado

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José López, ‘Pepe Pereira’, era en 1950 un joven que cumplía el servicio militar en la ciudad española de Melilla, en el norte de África. Un día libre y 150 pesetas en el bolsillo le cambiaron la vida: “Yo no tenía ni idea de fotografía. Compré la cámara y enseguida muchos compañeros de servicio me empezaron a pedir que les sacase fotos”. Era el modelo Boy, con objetivo lenticular de una apertura y una sola velocidad, estaba pensada para sacar fotos en espacios luminosos.

La historia comenzaba a escribirse, Pepe Pereira volvió del cuartel con la Bilora Boy en la maleta y con la pasión por la fotografía en el cuerpo. Como la mayoría de los fotógrafos de aquellos tiempos, el oficio lo aprendió de manera autodidacta: “En el año 52 compré libros, leí todo lo que pude y comencé a revelar”. A su vida llegaba por aquel entonces, también desde Alemania, una cámara más profesional: la Voss Diax. Con ella recorrería, entre 1952 y 1972, las calles del Portomarín viejo y también del nuevo, y los municipios de la zona, montado en una Montesa Brío 81, capturando paisajes, gentes...la vida de aquel tiempo. El bajo de su casa, una antigua zapatería, es hoy su museo particular, un lugar donde pasa incontables horas recorriendo miles de joyas documentales de un tiempo que ya no vuelve.

La sombra del embalse, como el resto de los vecinos, la vivió Pepe Pereira desde la juventud: “Por el año cincuenta y poco ya aparecieron topógrafos y gente de la empresa que se encargaba de mirar como respirábamos, pero aunque se hablaba del embalse nadie lo acababa de creer. Nos dimos cuenta que no había marcha atrás cuando empezaron a marcar la piedras de la iglesia para el traslado”.

Y ahí Pepe Pereira decidió emplear la arma que mejor conocía, su Voss Diax con la que retrató cientos de estampas del Portomarín que tenía los días contados. Sus instantáneas documentan la vieja villa casi piedra a piedra, casa a casa, como si con ellas quisiera detener un tiempo que ya empezaba a ser otro: “Claro que era consciente que lo que estaba haciendo tenía un valor documental. Estaba sacando fotografías mientras el agua subía en un solo día hasta dos metros y medio, cuando dinamitaron las casas... “. A Pereira le cuesta vencer una modestia que sorprende: “La profesión de fotógrafo ambulante no era de una fama extraordinaria”.

Hace mucho tiempo que Pereira dejó de dedicarse profesionalmente a la fotografía, pero la pasión sigue latiendo en las venas y nunca abandonó el arte de congelar instantes de la vida. Pepe Pereira guarda en su casa de Portomarín más de 40.000 clichés, resumen de 60 años entregado a la fotografía: “Reviso practicamente todos los días el archivo y siempre encuentro detalles nuevos”.