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1963-2013: Medio siglo aprendiendo a mirar el futuro

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Cincuenta años pueden cambiar y de hecho cambian a menudo el discurrir de una villa. En el caso de Portomarín, 1963 marca un punto de inflexión que, sin duda, es el capítulo más importante de su historia: desaparición del viejo Portomarín bajo las aguas del Miño y aparición de una nueva villa que emerge a pocos cientos de metros de su pasado milenario.

Es este un caso poco habitual en la historia de las siempre traumáticas desapariciones de entornos habitados porque Portomarín, pese a todo, decidió seguir existiendo y recoger así de alguna manera la herencia de sus antepasados.

La demografía del ayuntamiento en el último siglo afrontó los importantes movimientos migratorios de comienzos del SXX, además de la 'gripe española' en el entorno de 1918, con masiva salida de jóvenes que cogieron las maletas para embarcar a Cuba, Argentina o Brasil. En la década de los 60, y además de la fuerte emigración a las zonas más industrializadas de la península, en Portomarín en 1963, con la desaparición definitiva de la villa antigua, muchos vecinos optan por la indemnización económica y traslado, buscando un futuro más próspero en ciudades como A Coruña, Lugo y Vigo o incluso fuera de Galicia. Ya en la década de los 70 y 80, Portomarín al igual que la práctica totalidad de los municipios rurales gallegos afronta el problema del éxodo de población a ciudades y a Europa. En la actualidad los datos más recientes del Instituto Gallego de Estadística (año 2012) recogen que la población total asciende a 1.690 personas.

Una nueva economía para uno nuevo tiempo

Viñedo, centeno, trigo, maíz o patatas eran cultivos comunes en el Portomarín de mediados del siglo pasado, en un tiempo donde el campo seguía basado en técnicas milenarias. A destacar las fértiles tierras de aluvión de la zona de la Pitanza, con cosechas de magnífica calidad.

Medio siglo después hay en el municipio de Portomarín un total de 228 personas dadas de alta en el régimen agrario. Y aunque son muchas menos las familias ligadas directamente al sector primario, hay 159 casas que cuentan con explotaciones de ganado vacuno y el número de cabezas de bovino triplica a las de mediados del siglo pasado (7.112). Sigue siendo así el sector agroganadero un pilar fundamental en la economía municipal de Portomarín y sobre todo en las parroquias más rurales, que tienen en la venta de leche y carne buena parte de sus ingresos.

Pero ya no es el sector primario el que más riqueza genera en las tierras de Portomarín. El turismo vinculado al Camino de Santiago y a las peregrinacións se multiplicó asombrosamente. Aunque Portomarín fue siempre lugar de especial importancia en las peregrinaciones, nada tienen que ver los pequeños grupos que pasaban por la villa hace décadas con el aluvión de peregrinos que hacen parada en la actualidad. Esto hizo que el comercio y, principalmente la oferta hostelera, se multiplicase en las últimas dos décadas en Portomarín.

Y no debemos olvidar la importancia simbólica y empresarial que tiene en la economía local la afamada aguardiente de Portomarín, las tartas de almendra y como no, la siempre amada anguila.